domingo, 26 de abril de 2009


Neuroscience and social deprivation
I am just a poor boy though my story's seldom told
Apr 2nd 2009
From The Economist print edition

Tensión, causante de la pobreza

A menudo escuchamos aquel viejo refrán que dice “los ricos cada día son más rico y los pobres cada día son más pobres,” sin imaginarnos que este dicho popular rompe las barreras de las suposiciones incorporándose en la realidad actual. Con frecuencia, observamos el estilo de vida de personas que desde su nacimiento han vivido sumergidos en un mundo de penurias y necesidades que limitan las oportunidades y las esperanzas de ofrecerle a sus semejantes un futuro mejor.

En el artículo virtual de Economist encontramos una investigación que ha arrojado la causa principal del circulo vicioso que genera la pobreza, este, aunque suene vano e irreal, es producido por la tensión o el estrés que se establece en la memoria de trabajo de niños que no tuvieron la fortuna de nacer en un ambiente distinto a la miseria y la necesidad. En informes que mostraron los investigadores de la universidad de Pensilvania, vemos que precisamente la memoria de trabajo es la que tiene la capacidad de guardar información, cifras, números y demás cosas que hacen que el ser humano se proyecte a un futuro; también, los investigadores dicen que los niños de escasos recursos no cuentan con el buen desarrollo de este tipo de memoria pues han sufrido toda clase de problemas y dificultades en el transcurso de su penosa vida.

Al llevar a cabo comparaciones entre niños procreados en clases medias o altas y niños criados en absoluta pobreza se puede traer a colación los promedios de datos que ambos chicos pueden tener, por su parte, los infantes nacidos en familias adineradas o equilibradas pueden guardar en sus memorias un 9.4 de artículos dentro de sus memorias mientras que niños pobres tan solo guardan un 8.5. Lo pasado, nos demuestra que las personas necesitadas aprenden, relacionan y guardan menos información que otras que si han tenido oportunidades de formarse en los distintos ámbitos de la vida.


En conclusión, es claro que los menores que han tenido la fortuna de recibir conocimientos en escuelas o centros académicos desarrollan más el intelecto y la capacidad de aprendizaje que niños que por cosas de la vida no tienen ni siquiera la posibilidad de acceder a una buena alimentación. Por ello, los pobres siempre, o casi siempre, seguirán inmersos en una absurda pobreza que los seguirá, como decía el artículo, de generación en generación sin la luz de aspirar a una mejor calidad de vida.

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